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El niño inteligente, pero aburrido

 

Autores: Barry y Patricia Bricklin

 

Pedro acudió a nosotros porque su trabajo escolar era deficiente. Sus padres estaban sorprendidos. Siempre parecía inteligente en la casa. A muy temprana edad hablaba bien y se le facilitaba utilizar nuevas palabras. Sus padres se sorprendieron y atemorizaron cuando notaron que no mostraba buen aprovechamiento en la escuela. Su trabajo durante el primer año había sido bastante bueno y aceptable en el segundo. La calidad empezó a disminuir en el tercero y, para cuando llegó a cuarto, su trabajo era inferior, aunque no estaba en peligro de reprobar ninguna materia. Las pruebas psicológicas revelaron que poseía una inteligencia superior. Asimismo, pusieron de manifiesto que este niño podía manejar en forma adecuada la aritmética, la escritura, la lectura y todas las otras materias escolares. Gracias a la investigación se puso al descubierto que se aburría en la escuela. Desde temprana edad empezó a adoptar malos hábitos. El trabajo del primer año era tan fácil para él, que terminaba sus tareas en un tiempo relativamente corto. Por ello la atención que debía prestar no era mucha. Antes de que pasara mucho tiempo dejó del todo de poner atención, hasta llegar al punto de que no comprendía lo que sucedía en clase. Su trabajo decayó entonces. Lo que le sucedió es muy común en los salones de clase de hoy en día. Sin embargo, la mayoría de los niños inteligentes puede readaptarse al programa de clases. Si la rutina de clase no es estimulante, esos chicos inventan cosas que hacer y en las cuales pensar. En esta forma mantienen su interés por el trabajo. El punto crucial es este: los niños inteligentes se mantienen a tono con el programa de la escuela aunque pueden "enriquecerlo" en su propio mundo interior.

 

Manuel, un niño de ocho años, cursaba el tercer grado. Sus maestras lo llamaban "soñador". Siempre estaba sentado dibujando cohetes espaciales. Una mirada experta hubiera detectado allí una vida de fantasía muy activa. Parecía que nunca ponía atención en clase. Su maestra de primer año había dicho a su maestra de tercero que era un estudiante muy inteligente, pero la maestra de tercer año dudaba de la veracidad de este juicio, lo mismo que la maestra de segundo. El trabajo de Manuel había empezado a decaer desde el segundo año y ahora, en el tercero, era ya inaceptable.

 

Lo examinamos y encontramos que tenía una inteligencia innata muy superior. Una vez que se interpretaron y calificaron las pruebas, se hizo evidente que su ineficiencia en la escuela se debía al aburrimiento. A causa de que el sistema escolar en el que se desenvolvía carecía de clases avanzadas, y que sus padres no podían pagarle una escuela especial (donde el trabajo pudiera al menos en forma potencial, estar al nivel de su capacidad), fue necesario idear un programa que lo ayudara a sentir más interés por lo que hacía.

 

Algunas veces, los niños tienen un intelecto brillante y fértil, que les resulta casi imposible hacer lo que para ellos va a una velocidad igual a la de un caracol. Se aburren cuando se ven forzados a trabajar en el mismo nivel que los demás niños de la clase. Un niño como Manuel corresponde a una escuela planeada para satisfacer las necesidades de los niños muy inteligentes. Muchos sistemas escolares reconocen este problema y lo tratan con cierto éxito. Y no pocas ciudades tienen clases especiales y/o escuelas para niños como Manuel. Los padres que piensan que sus hijos corresponden a una categoría especial, arreglan por lo común que el niño se someta a pruebas psicológicas administradas por el psicólogo de la escuela o un psicólogo clínico. Los padres que piensan que sus hijos pertenecen a este tipo de categoría especial deberán acudir a la guía del consejero escolar. Algunas veces no es práctico hacer que el niño cambie de escuela o que se le admita en una clase especial. Cuando este sea el caso, hay varias cosas que !os padres pueden hacer para ayudar al niño inteligente, pero aburrido. Pueden alentarlo para que lea un poco más sus propios libros, pero también para que se mantenga informado de lo que sucede en la clase. Los padres pueden sugerir algunas formas de que el niño enriquezca el material regular de la clase pensando en cierto material periférico que le interese. Puede alentarse a estos niños a cubrir el área en cuestión más profundamente que los demás.

 

Este enfoque puede también utilizarse en otras materias. Debe estimularse al niño para que se mantenga en el nivel de lo que sucede en su clase, para que no se retrase ni cause disturbios.

 

Lo mejor que se puede hacer con el niño inteligente, pero aburrido es ponerlo en la situación escolar que pueda satisfacer mejor sus necesidades individuales: es decir, en clases pequeñas, donde se proporcione atención individual, etc. Si esto no es posible, hay que enseñarle a utilizar el programa escolar del que dispone como punto de partida, al que puede añadir cualquier tipo de detalles interesantes. Solamente hay una cosa que cuidar. Es muy importante que el niño inteligente esté convencido de que no ha de "partir" del programa de la escuela demasiado lejos o por demasiado tiempo. No debe perder el paso de lo que sucede en la clase. Esto adquiere gran importancia en los años superiores. Con mucha frecuencia, los niños inteligentes ven que es fácil, desempeñarse en forma eficiente a temprana edad. No se necesita para el efecto de un estudio especial. La mayoría del trabajo escolar comprende lectura básica, escritura y aritmética. Tal vez el niño inteligente pudo haberse desempeñado eficientemente en estas áreas aun antes de ingresar en la escuela. Tal vez aprendió a leer, a escribir e inclusive a resolver ciertos problemas sencillos de aritmética. Empero, en los grados superiores, se necesita cada vez más de ciertos conocimientos particulares. El niño inteligente no dispone de ninguna forma para adquirir estos conocimientos fuera de la lectura y el estudio de las materias que se le imparten. El problema no puede resolverse simplemente con "inteligencia", sino que requiere ciertos conocimientos en concreto.

 

Nosotros alentamos al niño a mantener el nivel de su trabajo. Debe enseñársele a ver lo que se !e enseña en una forma más complicada y con un alcance más amplio del que es posible para los otros niños. Si el niño brillante se conduce así, se mantendrá en el nivel de lo que se le enseña pero, al mismo tiempo. lo elaborará en una forma que se adapte mejor a su inteligencia. Puede enseñársele a relacionar lo que aprende en historia. por ejemplo, con lo que aprende de los eventos que suceden en el presente. Puede enseñarle a relacionar lo que aprende en aritmética con muchos problemas concretos de la vida, mientras que al mismo tiempo, puede estimulársele a comprender la naturaleza básicamente abstracta de las matemáticas. Este tipo de amplio pensamiento puede proporcionar experiencias agradables y muy satisfactorias.

 

Es de suma importancia que se identifiquen a estos niños. Cuanto antes, mejor. El taller de capacitación que ofrece la Asociación de Padres de Niños Dotados de Puerto Rico provee herramientas para evaluar, identificar y educar a esta población estudiantil. El mismo está orientado para maestros y/o padres con niños dotados. Si desea obtener más información puede llamar al 787-884-8939 o al 787-381-6281.

 

¡Ayudemos a nuestros niños hoy y ayudamos al Puerto Rico del mañana!

 

 

"La gente es maravillosamente tolerante. Perdona todo excepto al genio."
Oscar Wilde.