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Luis Balbino Arroyo Colón en kinder preguntó qué era un diptongo

Sábado 8 de octubre de 2005 Por: Mabel Figueroa - PRIMERA HORA


 

Es brillante, analítico y práctico. Es algo así como un viejito atrapado en el cuerpo de un adolescente.

En mayo próximo termina su bachillerato en física del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) y hasta ahora ha mantenido un sorprendente promedio de 4.00 puntos. Pero, todavía necesita que su mamá, su papá o su abuelo lo lleve a la universidad porque a sus 15 años aún no está autorizado por ley a sacar la licencia de conducir.

Esa dicotomía es la que vive Luis Balbino Arroyo Colón desde que a los 11 años llegó como "prepa" al RUM, rodeado de cámaras y bajo la mirada atenta de muchos. De eso ya han pasado casi cuatro años. Ahora es un joven que hasta toma un curso subgraduado en preparación para su siguiente peldaño académico: una maestría en física, nada más y nada menos que a los 16 años.

Con un coeficiente intelectual "como de 200", puede disertar sin problemas sobre ciencias, pero también sobre temas profundos del ser humano. Lo hace desde su óptica de joven recatado. Lo hace con una mente que procesa información más rápidamente que otros. Lo hace a veces sin pensar, con mucha sinceridad, porque es un chico. No como muchos, pero en fin, un chico.

El encuentro con PRIMERA HORA se produjo en el Edificio de Física del RUM. Allí estaba él, sentado frente a una mesa llena de dulces que vendía para la Sociedad de Estudiantes de Física. Llevaba sus anteojos y su mochila llena de libretas. Cargaba un tocaCD portátil con el que oía música, no rap, sino boleros de Lucho Gatica.

Luego, nos movimos al salón 328 y allí se acomodó. Estaba tranquilo. Durante toda la entrevista comió maíz tostado y sus dedos se llegaron a pintar de anaranjado por el condimento de los granos. ¿Él?, como si nada.

-¿Tú te consideras un genio?

-El término genio es difícil porque mi sicóloga decía que los genios son los que salen de la botella.

-El término para ti es un niño superdotado...

-Ajá, eso es lo que dicen. Yo no pienso ahora eso...

-¿Cómo entonces te conceptúas ahora?

-Yo creo que soy normal, lo que pasa es que tengo una habilidad de aprender más rápido algunas cosas.


-¿Te molesta que te llamen así?

-No, tampoco me molesta. Ya estoy acostumbrado.

-¿Tú te sientes diferente a los demás?

-Todo el mundo es diferente, pero no me siento tan diferente de los demás.

Natural de Moca, este joven ha sido criado como Testigo de Jehová y con esa base religiosa ha fundido dos conceptos que muchas veces chocan: la fe y la ciencia.

"Soy conservador en mis creencias religiosas", dijo.

-¿Cuán importante es la fe para ti?

-Es bien importante.

-¿Pero cómo la fe puede ser entendida por la cabeza de un científico?... No es algo que se pueda probar.

-No creo que la religión y la ciencia sean disparejas...

-Pero hay científicos que no piensan así...

-Yo pienso que lo que la Biblia dice se puede tomar como realidad.

-Pero por fe, no como algo tangible...

-Bueno, yo creo que algunas cosas se pueden comprobar de forma tangible en la Biblia.

-¿Como qué?

-Por ejemplo, en la Biblia Dios le dice a Job que él estaba morando sobre el círculo de la Tierra. En la Biblia se dice que la Tierra era esférica y no un cuadrado. Se habla de algunos descubrimientos matemáticos, como el de la razón entre la circunferencia de un círculo y su radio. Hay cosas físicas que se pueden demostrar... Aunque la Biblia no es un libro de ciencia, las cosas científicas de la Biblia se pueden comprobar.

Esa constelación de visiones es Luis Balbino, un joven que no está seguro si aprendió a leer solo a los dos o a los tres años. De lo que sí se acuerda es de cuánto se aburría en clase cuando sus maestras en la escuela elemental intentaban enseñar los colores y las letras.

"Sí, yo me aburría en kinder... me aburría porque sabía casi todo lo que decían", dijo muy tranquilo.

-¿Tú se lo decías a las maestras?

-Sí, tenía muchos problemas con las maestras porque sabía lo que estaban diciendo y me levantaba mucho.

-¿Cuán frustrante era?

-Era frustrante, me molestaba, pero nada; yo seguí yendo a la escuela porque me gustaba mucho.

-¿Qué te gustaba si te aburrías en el salón?

-Estar con los nenes de mi edad, jugar...

-¿Te regañaban los maestros?

-Sí, Me acuerdo que en kinder yo le pregunté a una maestra qué eran los diptongos, porque en el índice del libro decía algo de los diptongos y a mí me sonaba raro. Le pregunté qué era eso y me regañó, me dijo que yo no tenía que preguntar eso, que eso era para después. A veces me botaban del salón porque avanzaba mucho.


-Es que aprendiste a leer a los tres añitos...

-No estoy seguro si fue a los dos o a los tres años. (Cuando lo descubrieron) yo tenía los tres años recién cumplidos y leía ya bastante fluido.

-¿Qué tú hiciste para aprender a leer solito?

-Tenía un libro de historias, como de Rico McPato, que venía con un tape. Yo ponía el tape y lo comparaba con lo que estaba escrito. Así aprendí a leer.


-¿Cómo descubrieron que sabías leer?

-En la boda de mi tío, que leí la Biblia. Al principio dijeron que yo no sabía leerla (creían que se había aprendido el versículo), pero me dieron una y leí.

-¿A ti te parecía normal lo que hacías?

-Yo no me daba cuenta.


-¿En qué cosas pensabas cuando chiquito?

-En jugar... más bien mi habilidad es ver las cosas rápido, analizar las cosas rápido.

-Pero explícame cómo es eso, ¿cómo es que ves una ecuación matemática?

-Por ejemplo, si veo una ecuación matemática sé lo que va a dar antes de empezar a escribirla. Cosas así... Es difícil de explicar, pero es bastante rápido.

-¿Desde cuándo tienes esa habilidad?

-Desde que me acuerdo... No sé cómo describirlo.

-¿Qué es la matemática para ti?

-Un lenguaje con el que se expresa la realidad.

-Dicen que la matemática es perfecta...

-La matemática no es perfecta, es lógica.




Ni Einstein ni Copérnico

Cuando de comparaciones se trata, a Luis Balbino como que no le gusta mucho. Sí que se nota.

-¿Cómo ves a Albert Einstein?

-Raro, loco, extraño... No era normal...

-¿Te molesta que te comparen con Einstein?

-Es que no tenía las mismas cosas que me interesan; quizás, mi forma de ver el mundo es diferente.

-¿Cuáles son esas diferencias entre los dos?

-Einstein no creía en Dios, era ateo, bueno era ateísta, él pensaba que a Dios no le importa el ser humano y yo no. Él no creía en la teoría cuántica y yo tengo bastante confianza en eso. O sea, que hay diferencias... En cuanto a la inteligencia, no sé; y en lo que hizo, pues todavía a mí me queda mucho por hacer.

-¿Y Copérnico?

-Copérnico no era particularmente inteligente. No hizo cosas tan importantes, lo que sí es que tuvo valentía.

-¿A qué científico admiras más?

-(Leonhard) Euler... Muchas cosas que ahora descubre la gente, ya las había descubierto hace 200 o 300 años.

-¿Cuál de sus descubrimientos te impactó más?

-No es tanto un descubrimiento en particular... Él definió la matemática como la conocemos hoy.


A Luby, como le dicen sus más allegados, le gustan muy pocas cosas que a los jovencitos de su edad. No le atrae la la playa ni los deportes. Le gusta el cine, pero va poco. Una de sus películas favoritas es la saga de Star Wars.

No sabe, ni le gusta, bailar. De música, lo que le atrae es "la vieja que oye mi abuelo, esa de los 50".

-¿Qué artistas de esa ápoca te gustan?

-Lucho Gatica.

-¿No te sientes como si por dentro fueras un viejito que no está a la par de su juventud cronológica...?

-No sé, yo creo que sí. A veces me doy cuenta de eso...

El rap y el merengue tampoco le gustan. La salsa "un poco" y sobre el reggaetón su repuesta fue contundente: "No, cero, nada". Al menos en eso coincidimos.

-¿Y la música clásica?

-Me gusta, pero no es para sentarme a oírla.

-¿Qué compositor clásico te gusta?

-Así, Beethoven y Mozart.

-¿Tocas algún instrumento?

-Antes piano, pero ya se me olvidó porque dejé de tocar. Decían que era bueno para mí, pero nunca me gustó.

Lo que sí le encanta es leer, pero no literatura ni poesía. Y no le gustan porque "soy práctico".

-¿Cuántos libros te lees al mes, por ejemplo?

-Diez o 12... En toda mi vida creo que llegan a mil los libros que me he leído. Tengo muchos en casa, de diferentes tamaños, pero los más que me gustan son los bien gordos... Me gustan las biografías.

-¿Cuál es la biografía que más te ha impactado?

-La de Lyndon Johnson.

-¿Qué te llama la atención de su vida?

-Las contradicciones de su vida. La forma en que él consiguió el poder era violenta y sucia, poco ética. Eventualmente hizo cosas muy buenas, como los derechos civiles, las leyes ambientales, leyes de protección del trabajo. Muchas cosas que son una contradicción.

-¿Te gustan las contradicciones en la vida?

-Sí, es que me gustan las cosas complicadas. Las cosas sencillas no me gustan, por eso mismo, porque son muy sencillas. Las contradicciones son más retantes.

Su familia es vital para él. Adora a su hermano Víctor, que es cuatro años menor.

"Yo siempre quería tener un hermano y me gustaba jugar con él. Todavía juego mucho con él", admitió.

-¿Él nunca se ha sentido celoso de ti?

-No, siempre se ha sentido bien orgulloso.

-Además de estudiar, ¿qué te gusta hacer?

-Jugar en la computadora... (Me gustan) los juegos de estrategia, Risk y eso.

-¿Eres organizado?

-No soy particularmente organizado... Escribo feo y dejo las cosas en el piso.

-¿Qué te hace reír en esta vida?

-Todo... Tantas cosas que uno tiene, que si no se ríe...

-¿Y te ríes de ti mismo?

-(Sonríe) Sí, mucho.

-¿Qué cosas de ti te dan risa?

-A veces cuando digo cosas que no tienen sentido, cuando hablo enredado, cuando escribo disparates.


-¿Y qué te hace llorar?

-Cuando, quizás, hago algo mal...



En el mundo de los más altos

Fue en quinto grado que Luis Balbino comenzó a saltar en el mundo de la academia y ya a los 11 años había pasado el examen de cuarto año para entrar al RUM. Era un mundo de gente grande, que hablaba de cosas "serias de la vida", mientras él todavía pensaba en jugar.

-¿Era muy complicado el mundo de los adultos?

-No era complicado, era diferente.

-¿Cómo es que lo veías?

-La gente era más grande, las personas eran diferentes, hablaban de otras cosas...

-¿Qué cosas hablaban que tú no entendías?

-Cosas de la vida, de adultos. Yo hablaba mucho de jugar, ellos hablaban de cosas más serias.

-¿No te dio miedo?

-No... A mí nunca me han preocupado esas cosas.

-Pero era un mundo de adultos y tú un niño...

-Para mí era tan natural...

-¿Cómo te miraban los demás estudiantes?

-Me miraban como extrañados, pero siempre tuve buena relaciones con mis compañeros.

-¿Cómo te miraban los profesores?

-Nada, ellos daban la clase y yo tomaba notas.


-¿Nunca te sentiste superior a tus compañeros?

-No, nunca me sentí superior. Era como que diferente, porque, verdad, no era lo mismo. Yo nunca me he sentido superior a las demás personas por mi habilidad para estudiar. Yo lo veo como una bendición de Dios.


-¿Llegaste a hacer amigos aquí a los 11 años?

-Tenía compañeros...

-¿Qué cosas hablabas con ellos?

-Cosas de clases, me preguntaban qué yo hacía aquí.

-¿Nunca te sentiste rechazado?

-No, si alguna vez lo sentí no le di tanta importancia.

-Pero ha ocurrido...

-Ha ocurrido, pero no le doy mucha importancia. Hay cosas más importantes.

Luis Balbino estudia los cinco días de la semana y admite que tiene amigos allí, pero de ésos mencionó a dos: Camilo y Carlos, quien lo acompañó como tutor cuando entró al RUM siendo aún niño.

"Tengo muchos compañeros, pero ésos son con los más que hablo", dijo.

-¿Te invitan a fiestas?

-A mí no me gustan las fiestas.

-¿Por qué? ¿Por tu religión?

-No es por la religión, es porque es que soy medio serio y no me gusta brincar y saltar mucho. Yo soy tranquilo. Me gusta hablar, pero ir a fiestas no.

-¿De qué cosas hablas con tus amigos en el RUM?

-De la universidad misma, de la gente que pasa. Hacemos chistes...

-No hablan sólo de física...

-A veces, pero no es de lo más que hablamos.

-Miran a las muchachas...

-(Sonríe pasmado) Chequeamos a veces ahí, pero no. A mí no, no, cómo digo, no me siento a verlas así.

-¿Por qué?

-Porque son muy viejas para mí aquí (risas).

-¿Te podrías enamorar de una muchacha bruta?

-Depende. No es tanto la inteligencia, es la personalidad más bien, porque hay muchachas inteligentes que son molestosas y otras que no son tan inteligentes, pero que puedan ser más simpáticas, que hablan más.

-O sea que tú prefieres una muchacha simpática y comprensiva a un cerebro sin personalidad...

-Sí... No todo se puede resolver con inteligencia y a veces esas cosas son más difíciles...

-¿Qué cosas tú piensas que debes mejorar?

-Quizás socialmente, mejorar un poco en eso... como yo tengo otras cosas que están mejor (intelecto), pues yo quiero llevar eso (socializar) a la par.


-¿Qué es peor: la vagancia o la ignorancia?

-Ser vago; al menos la persona ignorante trata. No es lo mismo ser ignorante por vago, que vago por ignorante.


-Los cambios a la teoría cuántica, esa forma distinta que la veías desde pequeño, ¿todavía trabajas en eso?

-Sí, yo sigo pensando en eso. Todavía tengo que terminar de estudiar para poder ponerla en una fórmula matemática, que es el próximo paso... Cuando entre a maestría es que podré.


-¿Cuántas horas le dedicas a estudiar?

-Como cuatro o cinco horas a la semana. No es tanto.


-¿Qué es lo más que te llena de la universidad?

-Aprender cosas nuevas.



-¿Y eso de estudiar Leyes está en pie?


-Sí, lo pienso mucho, pero todavía. Primero voy a hacer la maestría (en física) y después voy a considerar eso.

-¿Por qué quieres estudiar Leyes?


-Me interesa mucho, porque más bien las leyes tratan con las relaciones de las personas... Siempre me ha atraído eso, me ha interesado como sociología.


-¿Cómo ves tu graduación en mayo?

-Como el principio de mi próxima meta.

-¿Cuáles son tus metas profesionales?

-En el futuro dar clases aquí (RUM), pero eso está un poquito lejitos. Voy a esperar a ver cómo me va en la vida antes de tomar decisiones.